Una introducción a Caño Berruguita
See more articles from:
Larisa Zehr
Macayepo es un corregimiento del Carmen de Bolívar que abarca quince veredas, una de estas es Caño Berruguita, donde SembrandoPaz (la organización socia del Comité Central Menonita) ha trabajado en los últimos años. Caño Berruguita se extiende por los barranques del arroyo más grande, el Arroyo Palenquillo, y la única carretera sirve para todas las comunidades. Las casas están construidas en grupos pequeños, rodeadas por pasto y algunos cultivos. Sin embargo, mucha de la tierra usada para cultivar está lejos en la loma de los montes alrededores. El arroyo serpentea por la comunidad, a tal punto que para visitar vecinos, ir a la iglesia, colegio o tienda, y llegar a los cultivos requieren que uno cruce el arroyo por lo menos una vez. Cuando crece con la lluvia, a veces el arroyo aísla a la gente por días.
La comunidad es étnicamente afro-colombiana e indígena, mucha gente se reconoce como descendientes de ambos grupos. Las habitantes originales de la región eran indígenas, pero fue re-colonizado por Afro-descendientes de los pueblos Palenqueros. Los conquistadores Españoles trajeron esclavos Africanos para trabajar en las plantaciones gigantes de la costa, pero muchos pueblos, conocidos como Palenques, se resistieron a sus identidades como esclavos y lucharon por su libertad. Algunos Afro-descendientes se volvieron colonos en los Montes, estableciéndose como campesinos en el terreno trabajoso. Muchos de los grupos Indígenas originales fueron eliminados tempranamente durante el reino español, entonces los indígenas que ahora poblaban la zona llegaron de otros lugares de la costa. En esta región las comunidades Indígenas y Afros tradicionalmente se llevan muy bien y actualmente no hay tensiones entre estos grupos.
La comunidad vive, come, y habla de su tierra. La gente se saluda con preguntas y noticias de sus cultivos, y reflexionan sobre la lluvia como buena o mala, según lo que tienen sembrado. La gente come de lo que produce sus cultivos, muchas veces como sancocho, una sopa típica de carne, ñame, plátano, y yuca, productos que siembra cada campesino sin falta. La comida adicional, más que todo arroz, azúcar, carne y algunas verduras, llega en camiones; pero la mayoría de la comida está cultivada allí. Muchos árboles son de fruta como mango, guayaba y frutas tropicales poco vista fuera de Colombia. La región también produce casi todos los aguacates consumidos en Colombia. La gente tiene orgullo de su tierra, y a ellos les gusta describir los diferentes tipos de plátanos o las maneras de saber si una mata de ñame da semilla.
Casi todos los cultivos los hacen los hombres, quienes salen de sus casas en la madrugada antes de que el calor húmedo aumente. Por el terreno inclinado y el aislamiento de los pueblos, cultivar es una labor muy intensa. Los hombres se paran en la loma para limpiar el monte con machete o arrancar ñame o yuca. Regresan a la casa por la tarde, acompañados por burros cargados con bultos de aguacates o leña. Las mujeres pasan sus días en la casa, cuidando sus familias grandes, las cuales suelen incluir hijos, nietos, y bis-nietos en la misma casa o grupo de casas. Ellas cocinan ollas de sopa o arroz sobre leña, barren la tierra del patio, dan alimentación a las gallinas o los cerdos, y lavan montones de ropa en el arroyo. Cuando los hombres llegan por las tardes, comen y descansan por el resto del día, mientras las mujeres siguen haciendo sus quehaceres. Raras veces se cruza los bordes del papel de género. La vida diaria es agobiadora para todos, no obstante se encuentra bastante tiempo para visitar y charlar del último candidato político o de la telenovela.
Esta región del país es conocida más que todo por sus aguacates e historias aterrorizantes de violencia. Los residentes de Macayepo y todas las veredas alrededores fueron desplazados en 2000 por una ola de asesinatos y masacres hechas por grupos paramilitares locales. Por el terreno fértil y la cercanía de los Montes a la costa Caribe, narcotraficantes han tenido interés en usarlos para una ruta de comercio, y terratenientes los han visto como tierra ideal para plantaciones (de palma aceitera, caña de azúcar, ganadería y operaciones militares). También, el grupo más poderoso de la guerrilla en Colombia, las FARC, ha estado presente en los Montes. En los 80s y 90s, grupos paramilitares empezaron a formarse en Macayepo y otros pueblos, presentándose como luchadores contra la guerrilla, pero frecuentemente usando sus armas y poder, para llevar a cabo sus propias venganzas. La guerrilla andaba en la comunidad y ordenaba por la fuerza que les dieran comida y provisiones; los paramilitares acusaron a mucha gente de colaboradores de la guerrilla.
En el 2000, las paramilitares empezaron a amenazar, secuestrar, torturar, y asesinar habitantes de la zona. En Caño Berruguita, los asesinatos de 16 personas y amenazas de muerte de otros forzaron que las 120 familias se desplazaran. En la región de Macayepo, los 115 asesinatos causaron que la zona casi quedara vacía totalmente. Muchas personas huyeron sin nada, con sólo sus hijos y pocas posesiones empacados en burros. Otros vendieron casi todos sus implementos de cultivar, como se trasladaron para la ciudad. Dejaron o perdieron casas bien construidas, cientos de vacas, gallinas, cerdos, y hectáreas de tierras cultivadas que fueron quemadas robadas o reclamadas por el monte. Al llegar a la ciudad, la generación mayor sucumbía de depresión por no poder encontrar un nuevo sentido de vida fuera de su tierra.
Aunque el terror era inmenso, más o menos diez familias nunca huyeron de Caño Berruguita. Se quedaron como resistentes a la violencia por seguir viviendo y sembrando la tierra. Estos hombres y mujeres vivían en el silencio de una tierra despoblada, con las memorias de la masacre tan cerca y nueva violencia surgiendo entre los soldados y guerrilleros. Continuaban limpiando la tierra, sembrando matas de plátanos, y visitando a los demás. Esta presencia hizo que la historia de Caño Berruguita se distinguirá de las historias de otros pueblos desplazados: la gente retornó. Muchos de los hombres empezaron a regresar para cultivar por pocos días a la vez, viajando entre Sincelejo y los cultivos. Su retorno no era en masa, sino pasaba lentamente sobre los próximos diez años, mientras las familias reconstruyeron sus casas y comenzaron a cultivar otra vez.
Sin embargo, no cabe duda que el desplazamiento marca una transformación de la comunidad. La confianza de comunidad, la organización, y el momento de progreso fueron quebrados completamente cuando las familias huyeron. Las familias que han retornado recuerdan la prosperidad y comunidad comparativa en que vivían antes de la violencia, y dicen que no han llegado a la mitad de lo que tenían. Empezaron de zero a construir casas temporales donde tenían sus fincas, limpiar hectáreas de pasto que se habían perdido al monte, aprender vivir con sus vecinos otra vez y reformar familias que habían perdido miembros. Once años después de la violencia, el trauma colectivo se manifiesta en un sentido de desánimo y resignación que sigue presente en la comunidad.
La respuesta más común a la pregunta “Cómo estás?” en Caño Berruguita es “Aquí, luchando la vida.” Cuando cultivar y vivir en la comunidad rural era el reto único, ahora la ruptura de violencia y lucha de desplazamiento ha fracturado esa realidad. Después de pasar muchos años en la ciudad, a la mayoría de las familias le ha costado adaptarse otra vez a la comunidad. Mucha gente nunca retornó. Las familias viven entre Sincelejo y Caño Berruguita. Mandan a sus hijos a estudiar en la ciudad, mantienen una casa en ambos lugares, y viajan a visitar parientes que se quedaron. Otras personas hablan de sentir como si estuvieran ahogándose en Sincelejo durante el desplazamiento, por las casas apiñadas, la falta de trabajo y tierra para sembrar. Están orgullosos de estar otra vez en su tierra rica y hermosa de los Montes, pero reconstruir la vida allá es un desafío enorme.
Como son pequeños cultivadores, los campesinos luchan con los grandes cambios en precios del mercado y el tiempo, además del desafío en llevar sus productos al mercado. La única carretera está en muy malas condiciones y cruza frecuentemente el arroyo, lo cual deja que pasen sólo cuatro o cinco camiones al día. Estos camiones cargan toda la mercancía de las tiendas y llevan al mercado de Sincelejo todos los productos de las comunidades. Los campesinos venden al precio fijo de los compradores de los camiones y pagan gastos altos para transportar sus productos. Por el barro y los cruces del arroyo, los camiones no entran cuando llueve, y dejan a los campesinos sin una manera de sacar los bultos de yuca, aguacate, o ñame, a menos que alquilen burros para sacar la carga. Este año, por ejemplo, el precio del ñame bajó hasta una tercera parte del precio del año anterior. A los campesinos les fue mejor comer que vender el cultivo. Los cultivadores están a merced de la lluvia, los precios, y las vías.
Cultivar es el trabajo tradicional de la zona, pero también es la única opción. Hace pocas décadas, algunos terratenientes vivían alrededor de la comunidad y empleaba los campesinos locales pare cultivar su tierra. Por los trabajos laborales, dinero entraba la comunidad fiablemente. En los 90s, por el aumento de instabilidad en la región, los terratenientes empezaron a dejar sus tierras y se desapareció el empleo. Actualmente, no hay industría presente salvo una corporación minera Colombiana, Ecopetrol, la cual ha estado haciendo estudios exploratorios en la región y está planeando algunos posos de gas. Puede que la corporación provea empleo local, sin embargo, sin supervisión ambiental y social, probablemente tendrá efectos negativos, como degradación de tierra y fuentes de agua, en la comunidad.
En 2004, la organización SembrandoPaz fue fundada por Ricardo Esquivia, quien venía acompañando procesos en la región desde el 2000, junto con un grupo de personas de la región como recurso para los comités de acción social de las iglesias locales. Intentaba ayudar a las iglesias a responder a las emergencias y necesidades socioeconómicas en la zona, especialmente las masacres y desplazamientos masivos en los Montes de Maria. Cuando los miembros de la comunidad de Caño Berruguita se desplazaron a Sincelejo, algunos formaron la iglesia evangélica Remanso de Paz, la cual empezó a trabajar con SembrandoPaz en el proceso de retorno. Durante los siguientes años, SembrandoPaz colaboraba con la iglesia para ayudar a los desplazados a que recuperen una parte de sus viviendas.
Un paso significativo en la organización y retorno de la comunidad era la formación del Consejo Comunitario. Como una comunidad Afro-descendiente e Indígena, bajo la Constitución de 1991, la comunidad tiene el derecho de formar un grupo colectivo gobernante en vez de la estructura tradicional del alcalde y consejo. Todos los residentes de la comunidad hacen parte del Consejo, el cual está dividido en la Junta Directiva y la Asamblea. La Junta Directiva sirve para guiar y organizar la Asamblea. El Consejo intenta juntar la comunidad para que identifique y trabaje las necesidades de la comunidad en un proceso democrático participativo.
El Consejo Comunitario ha trabajado con el apoyo de SembrandoPaz para fortalecer la comunidad mientras reconstruye después del desplazamiento. Muchos campesinos habían vendido sus herramientas para cubrir los gastos de vivir en la ciudad, entonces SembrandoPaz fundó la donación de las herramientas esenciales. También, la organización apoya iniciativas comunitarias en cuanto a sostenibilidad y seguridad alimentaria, incluso proyectos de guardar semillas, investigaciones en plagas de cultivos, y préstamos para proyectos agrícolas. No sólo se perdió las inversiones en la tierra por el desplazamiento, sino también se quebró la confianza entre miembros de la comunidad. Mucho del trabajo del Consejo es reconstruir la confianza de la comunidad en procesos colectivos. La meta es recuperar la tierra a través del esfuerzo colectivo, y entonces reconstruir la comunidad empoderada y vibrante que ha sufrido tanto por el desplazamiento.
Conexiones:
Caño Berruguita es una comunidad completamente constituida por campesinos y cultivadores de pequeña escala, quienes trabajan sin mecanización o subsidios y por eso son desfavorecidos en el mercado global e industrializado. Así, el nuevo Tratado de Libre Comercio firmado en Octubre entre los Estados Unidos y Colombia tendrá un impacto enorme en ellos. Cuando los granos estadounidenses, baratos y subsidiados, entran el mercado Colombiano, los precios bajarán dramaticamente, y forzarán que los campesinos o dejen de cultivar o cambiar radicalmente sus típos de cultivos. Cuando muchos Colombianos cambian a cultivar cultivos en demanda en los EEUU, como cacao, no tendrán tierra o tiempo para cultivar comida, y estarán aún más vulnerables a cambios de precio y clima.
Como consumidores consientes, podemos escoger comprar productos locales y apoyar campesinos en vez de comprar el producto más barato de una multinacional. Como Colombianos, podemos comprar de companias nacionales y mercados locales. Como Norte-Americanos, podemos comprar productos del mercado justo o de producción comunitaria, los cuales normalmente son cultivados por comunidades como Caño Berruguita. Podemos leer más sobre los impactos de los Tratados de Libre Comercio en campesinos. Podemos demandar el fin de los subsidios agrícolos masivos que los EEUU da a sus agri-empresas. Busca más información aquí:
Oficina de los EEUU en Colombia: TLC y Pequeños Productores
Campaña de Mercados Campesinos en Colombia
- Login to post comments
